
Barreda, Rafael (1900), «Carlos Lambra (Célebre pianista) (Anécdota histórica)». La Mujer, Buenos Aires, Año II, N° 10, 6 de abril de 1900, pp. 16-17.
No hay uno de nuestros músicos viejos que no lo haya conocido.
Rara es la matrona que aún pulse las teclas de un piano que no haya recibido lecciones de él.
Me parece estarlo viendo en sus pultimos años: era un viejito encorbado por la edad y las fatigas de un trabajo continuo. Numerosas arrugas llenaban su rostro, donde brillaban los destellos de la esperiencia y el sufrimiento. Usaba una perilla gris y cuatro pelos por bigote.
Cuando hablaba su voz era atiplada.
Ocho lustros hará que hizo su estreno en el antiguo Teatro Argentino, donde hoy existe un pasaje.
Era un lindo muchacho, de fisonomía alegre y simpática con nubes de melancolía.
Sus manos de marfil recorrían el teclado haciendo producir notas sublimes.
De los palcos, platelas, cazuelas, -de todas partes- le daban pruebas de simpatía y admiración, cuando sonaron algunas risas mal comprimidas y notose gestos de burla en algunas damas y de curiosidad en algunos hombres.Será?… decían en un palco, mientras que de todas partes le clavaban los anteojos y crecían los murmulos.
Sin embargo, él no se turbaba y esperaba impasible que aquella tormenta pasara para continuar.No puede ser! – exclamaron en el mismo palco.
De qué se trata? preguntó un señor francés que recién entraba.
De algo originalísimo.
Esplíquese.
Ve usted á ese joven pianista?…
Y bien? Lo veo y lo conozco mucho. Es…
Pues fue á parar al hotel Frascatti, que es donde yo vivo. Como no había un aposento desocupado, me pidieron permiso para que durmiera en el mío provisionalmente. Yo no tuve inconveniente alguno, tratándose de una persona decente al parecer y trajeron sus maletas.
Adelante.
Cuando llegó la noche volví á mi habitación con el objeto de acostarme y me encontré allí al pianista.
Ya?
Al verme se inmutó, y me preguntó sorprendido:
« – Qué viene usted á hacer aquí, caballero?
« – Me agrada la pregunta! – le contesté más sorprendido que él, – vengo á acostarme.»El pianista dirijió la mirada á las dos camas y repuso:
« – He pedido un cuarto solo.
« – Y yo he concedido á usted hospitalidad por esta noche … Ahora, si usted no desea… »
No me dejó concluir. Salió de allí con marcada impaciencia, y yo me quedé, como es de suponerse, tranquilamente esperando el resultado Ya iba a cerrar la puerta cuando se me apareció el hotelero.
« – Tengo que pedirle mil perdones – me dijo humildemente, – pero como todas las camas están ocupadas…
« – Qué le ha dado a ese jovenP – le pregunté. – Encuentra tan mal mi compañía que…
« – No, señor, – me contestó el hotelero sonriendo, – pero hemos hecho un cambio.
« – Un cambio?
« – Si usted consiente, porque sino no tendré más remedio…
« – Cuál es el cambio?
« – Que usted me permita dormir aquí.
« – Y él?
« – Él, – añadió el hotelero, riendo como un tonto, – va a dormir con mi señora».Ustedes pueden imaginarse si me quedaría asombrado
« – Y usted consiente?… – le pregunté.
« – En el cambio? Con mucho gusto y si no molesto al señor…
« – A mi? En manera alguna, sólo que…»Mi hotelero no se lo hizo repetir: empezó a desnudarse con la mayor complacencia, y poco después dormía como un bienaventurado.
No me pasó á mí lo mismo. Pasé la noche pensando en lo… que ustedes pueden imaginarse. Al día siguiente me levanté y como no había podido convencerme de lo que el hotelero me dijo, traté de persuadirme con pruebas.
No había ninguna duda, señores: el joven pianista había sentado sus reales en el dormitorio de madame, con quien platicaba amigablemente.
La especie cundió, como era de esperarse, y ahí tienen stedes por qué todo el mundo cuchichea y se ríe.Pues no tiene nada de particular, – replicó el señor francés
Que no? – esclamaron los demás que estaban en el palco.
No y desaparecerá del semblante de ustedes ese gesto de asombro cuando sepan que el pianista que ahí espera se calle el público para continuar con el oficio que le da de comerno se llama Carlos Lambra, como anuncian los carteles, sino..
Y qué tiene que ver el nombre con el cambio de dormitorio?
Mucho, porque Carlos Lambra no es hombre…
Es mujer?
Justo.
Ah!
Si, una mujer que puede llevar su frente altiva y que se ha visto precisada a ejercer las habilidades de su esmerada educación para vivir. Para ello tuvo que alejarse de su patria porque, dada la alta posición de su familia que la abandonó, habría sido escandaloso.
Y qué necesidad tenía de recurrir á ese disfraz?
Porque en los tiempos que hemos alcanzado, cuando la virtud va sola, por más austera que sea, unicamente se le respeta si lleva pantalones.
Aún así mismo si llega á saberse…
Si llega á saberse y alguno se atreviera á faltarleno le quepa á usted duda de que sabrá responder con la punta de una espada ó la bala de una pistola, porque en un hombre es natural que se manejen esas armas tan admirablemente como las teclas de un piano. En una mujer sería ridículo.
De manera que á pesar de su juventud y belleza sería insensible?…
Tal creo, porque me lo ha dicho: Muerta para toda clase de afecciones, menos para el arte.
Y así fue: Carlos Lambra vivía solitario y no frecuentó más sociedad que la de sus numerosas discípulas.
Después?… Hará unos quince años que murió en el abandono más completo.
R. B.